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 Memorias. No es un "adios"

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SerasLits
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MensajeTema: Memorias. No es un "adios"   Dom Sep 11, 2011 3:09 pm

bueno les traigo una fanfic
no me pertenece pero me gusto tanto que tenia que traerselos
la verdadera autora se llama:
Kususana Yomote, o Xana Burton
y escribio este maravilloso fic titulado:
Memorias. No es un "adios"


Me acuerdo de ti, donde quiera que estés. Aunque ahora estés muerto. Fue hace tanto tiempo lo que nos ocurrió, hace tantos años, tantos días, tantas horas…pero lo que importa es que nos conocimos. Y desde que te vi, me acuerdo de ti.

¿Recuerdas como nos vimos la primera vez? Sería raro que te acordases, sólo tenías unos dos años más que yo. Pero, si yo lo recuerdo, ¿qué te impide no recordarlo tú también?

El día que me viste, conociste y ayudaste en mi Villa, que pueda recordar, era invierno. Hacía frío, estaba perdido en las calles de mi país, asustado y congelado. Me había desviado demasiado de mi camino de vuelta a casa y con ello perdí el rumbo. Tenía cinco años, el terror en la piel, la preocupación en el alma, todo desmoronándose ante mí como yo lo hice en el suelo. Era demasiado pequeño, para mí eso entonces era horrible. Era tarde, soplaba un viento frío, no había gente en la calle…

Pero si estabas tú.

Mis cabellos rubios y entonces ya largos me tapaban los ojos, no te vi venir. Sólo sentí tu presencia cuando te paraste ante mí y, en cuclillas, me preguntaste:

-¿Qué te pasa?

Recuerdo la voz que tenías entonces. Era aguda e infantil, pero estaba llena de ánimo y alegría. Me gustaba tu voz, lo recuerdo. Era distinta a la de mi hermano, a la de los ninjas de la Villa, era una voz inusual.

Levanté la cabeza que había apoyado en el suelo frío, me aparté como pude los mechones de pelo que me impedían verte. Entonces sí te pude ver.

Eras muy joven entonces, unos dos años mayor que yo, creo recordar. Tenías el cabello despeinado, muy despeinado, igual de negros que tus ojos brillantes y vivaces, rebosantes de vitalidad, como nunca había visto antes. Tenías la piel paliducha y llevabas al cuello unas gafas protectoras anaranjadas, demasiado grandes para ti entonces como para ponértelas. En tu camiseta azul tenían el símbolo de una especie de abanico con colores rojo y blanco, quizás el símbolo de tu clan. Supe que no eras de mi Villa, pero nunca sentí que fueras algo que asustarme o preocuparme.

-¿Qué te pasa?-volviste a preguntar, abriendo los ojos.

-Yo…yo…-tartamudeé entonces-me he perdido…no sé…donde estoy…

Ladeaste la cabeza a un lado, como confuso. Sentí que mis mejillas se empapaban de lágrimas y no pude evitar sollozar.

Fue entonces cuando alzaste tu mano para, torpemente pero con suavidad, secar mis lágrimas de desesperación.

-Venga, no llores-dijiste, con un poco de rubor en tus mejillas. No supe porqué ni como, pero intuí que lo hiciste porque tú también habías llorado mucho- venga, va…

Entonces sacaste un pañuelo, uno azul con el mismo símbolo del extraño clan que desconocía y al que pertenecías. Me limpiase la cara manchada de tierra y me lo ofreciste.

-Para que te animes un poco-dijiste entonces, con una sonrisa. Te pusiste de pie mientras lo cogía y me ayudaste a levantarme-Te ayudaré a volver a tu casa, ¿vale?

Sentía que me ardían las mejillas pero por otra parte sentía que estaba a salvo, seguro, protegido, aunque fuese solo por un niño escasamente mayor que yo.

-Dime, ¿dónde vives?

-Esto…yo vivo…no recuerdo el nombre de la calle…-me disculpé.

Alzaste una ceja, sorprendido, como si no te hubieses esperado eso.

-No decía eso-reíste por lo bajo-es si está cerca de alguna casa que recuerdes, la trayectoria, eso.

Asentí levemente con la cabeza.

-Sí, eso sí lo recuerdo-dije-pero desde aquí no la puedo encontrar…

Sonreíste tan abiertamente que no pude evitar ruborizarme. Me cogiste de la mano y soltaste una pequeña risa, como en un acto reflejo.

-Jaja…tu mano me hace cosquillas-dijiste.

Avergonzado, separé mi mano de la tuya y te mostré, algo atemorizado, las extrañas bocas que salían de sus palmas.

-Lo siento-me disculpé.

Volviste a reír. Me diste otra vez la mano, igual de cálidamente que antes.

-¡No pasa nada!-dijiste con una sonrisa-más que extraño, es incluso fabuloso. Eres especial por ello.

¿Especial? ¿Dirías en serio esas palabras? Fue ver tus ojos y entender que era verdad, eran sinceras, limpias, cristalinas. Sonreí levemente.

-Gra…gracias por ayudarme-dije, removiendo nerviosamente mi pelo rubio y largo.

-De nada-sonreíste- Por cierto, ¿cuál es tu nombre?

-Me…llamo Deidara Kibaku-dije.

Sonreíste otra vez, tal y sólo como tú sabías hacerlo.

-¡Encantado!-dijiste, aclarándote la voz para ahora decirme el tuyo-Yo soy Obito Uchiha.



Obito Uchiha…

En las dos horas que estuvimos buscando mi casa, pude conocer muchas cosas de ti. Me contaste que estabas con tus padres en la Villa por negocios de ninjas que tu y yo aún ignorábamos, éramos muy jóvenes para eso. Tu clan, el clan Uchiha, era uno de los más poderosos de la Villa de Konoha, en la que vivías, Villa que nunca tuvo buena relación con la nuestra.

No me importó, a decir verdad. Te portabas tan bien conmigo en ese trayecto que pensé inocentemente que nuestra amistad podría unir a nuestras naciones. Qué equivocado estaba; era un mundo de ninjas. El derrame de sangre era una parte más de la vida.

No te portaste con valor cuando me llevaste a mi casa. Tenías miedo de muchas cosas, evitabas otras muchas, pero no me importó; sentía en tus ganas de ayudarme que, pese al terror que sentías, me llevarías a mi casa.

No me fallaste.

Encontramos mi casa, era ya tarde. La casa en la que te alojabas se encontraba lejos de la mía, y no pude evitar preguntarte si no te reñirían. Te encogiste de hombros igual de feliz y simplemente dijiste:

-Con tal de haber ayudado a alguien, no creo que una bronca me afecte mucho, jaja.

Te sonreí en la puerta de mi casa. Ibas a darte la vuelta e irte corriendo, cuando recordé que tenía tu pañuelo.

-O…Obito-te llamé-tu pañuelo.

Con un giro brusco en el que tus cabellos se agitaron graciosamente, me saludaste con la mano y, negando con la cabeza, dijiste:

-Quiero que te lo quedes tú, Deidara. Un recuerdo de tu amigo de Konoha.

-Ojalá pudiera darte algo yo también-suspiré.

Volviste a reír.

-Con tener un amigo en Iwa, creo que me doy más que satisfecho.

Volviste a saludarme con la mano, diste la vuelta, te fuiste corriendo.

Recuerdo el momento en que entré en casa. Mi hermano había estado muy preocupado, me abrazó con fuerza, con protección. Me sentí dichoso por momentos, muy feliz. Mi hermano, mi único familiar con vida, me quería muchísimo. Pero tú tenías padres, me preocupaba la regañina que te podrían dar únicamente por ayudarme, sentí miedo por ti.

Silenciosamente y en brazos de mi hermano, lloré por ti.



El día siguiente fue la última vez que te vi. Te ibas de la Villa, debíais volver a vuestra casa. Pude veros de camino a la academia.

Ibas cabizbajo, con las mejillas hinchadas y sonrojadas, como si hubieras llorado. A tu lado, tus padres te miraban con reproche, supe que te habían reñido, que les habías preocupado. Iba a interferir con un valor fuera de lo común en mí, pero algo me lo impidió. Fuiste tú.

Levantaste la mirada y me viste. Me sonreíste otra vez, pero era diferente, era un adiós.

Mientras tú y tus padres os ibais por la calle escoltados por varios ninjas de la Villa, solo pude susurrar:

-Adiós…

Mis palabras se perdieron con el viento.

Te giraste entonces, me habías escuchado. Leí en tus labios una frase:

-No es un “Adiós”-susurraste, mirándome a los ojos a pesar de los metros que nos separaba- es un “hasta pronto”.

Fue la última vez que te vi en años… aún así tenía tu palabra, tu “hasta pronto”, la seguridad de que te volvería a ver.



Pero tuvo que ocurrir…

Pude verte una vez más. Pero no era como esperaba, no era como quería. Porque entonces nos despedimos otra vez, de la peor manera posible.

Se convirtió en un “Hasta siempre” de sangre, de dolor, me hizo daño.

Porque eso era un…

“Adiós”.



Continuará….
Pasaron los años, la vida se endureció para todos. Mi hermano murió asesinado por unos ninjas de la Villa vecina, perdí un ojo en ese ataque, la guerra se acercaba poco a poco. Yo me vi necesitado de fortalecerme, de hacerme ninja, de hacerme artista; había logrado hacer de las bocas de mis manos una fuente de poder, una fuente de explosivos, siempre especial como tú me dijiste entonces.

Nos vimos necesitados de matar, de sobrevivir. Yo sólo vivía por ese “Hasta pronto” que una vez nos dijimos, de esa promesa muda que quedó sellada en el viento.

No sabía que ese “Hasta pronto” nos conduciría a no vernos más. La Villa que estaba en guerra con la nuestra era Konoha, en la que vivías tú, de la que tanto me hablaste esa noche de invierno en la que me llevaste a casa.

No quería matar a tu gente, rechacé desde el primer momento ir al frente; pedí especialmente quedarme en la Villa, para acoger a los secuestrados. Tenía así la esperanza de que, si te traían preso, ayudarte a sobrevivir de la misma manera que me ayudaste tú. Por nada del mundo quería matarte. Nuestra amistad nunca llegó a unir nuestras naciones, pero quería ayudarte. Eras mi amigo, y la persona que más apreciaba, junto a mi difunto hermano.

Cada día de la guerra, me sentía más aliviado de no verte aquí, significaba que estabas vivo, recordaba tu manera de ser. Yo había crecido y no podía evitar preguntarme cómo serías ahora; supongo que tu voz habría llegado a tener una tonalidad más grave y serías más alto, tenía ganas de verte. Sólo esperaba que me reconocieses a mí también, que no me hubieses olvidado.

Los días fueron pasando, no había noticias de ti. Me sentía solo y a la vez tranquilo de que tu vida no peligrase; en una guerra, cualquier método para matar era bueno.

Entonces pasó lo que siempre temí y nunca quise decir.

Recuerdo ese momento. Lloré frías lágrimas, mi gente no entendía porqué, no sabía la razón.

Era doloroso. No quiero recordarlo, pero esas imágenes, esas memorias, me asaltan y atacan una y otra vez la mente, sin palabras, sin voces, sólo con la sangre que había entonces.

Fue un día normal en lo referente a la guerra. Poco a poco iban entrando rehenes en nuestra villa, ninjas de mi edad y de menos rango que yo, que me había esforzado hasta llegar al nivel jounin. Eran caras jóvenes e inocentes que mostraban terror y pocas veces volvían a su villa.

Tu caso fue diferente, fue cruel.

Recuerdo que, en la villa, de repente, un pelotón de ninjas llegó, cargando un cuerpo de un chico joven. Había mucha gente alrededor de ellos, pues ese chico estaba medio muerto y su lado derecho del cuerpo completamente destrozado, además de tuerto de un ojo, por lo que pude escuchar.

Escuché que era muy urgente que preparasen un quirófano, pues ese muchacho, un poco mayor que yo y cuyo rostro aún no pude ver, tenía una extraña técnica llamada barrera de sangre, pasada de generación en generación.

Cuando, inquieto, me acerqué para ver quien era, no pude evitar ahogar un grito, no pude evitar llorar.

Eras tú.

Tenías un estado lamentable; rezumabas sangre por la boca, tu lado derecho estaba sangrante y gravemente herido, sentía que tu corazón apenas palpitaba y que respirabas como podía.

También sabía que lo que los ninjas iban a hacer contigo era quitarte el ojo que te quedaba, ese ojo que en ese momento presentaba un amenazador brillo rojo sangre, muestra de tu barrera hereditaria. Supe que tras la operación, no iban a dejarte con vida.

Apreté el con la mano pañuelo que una vez me diste y que siempre llevaba conmigo en el bolsillo. Me mordí el labio hasta notar el sabor de la sangre.

Cuando te tumbaron en una camilla para llevarte al hospital más cercano, pasaron delante de mí. Mis ojos, tanto el auténtico como el artificial, te veían sin ver, te sentía sin que estuvieses a mi lado. Indirectamente, estabas conmigo, pero nunca como deseé.

Pude verte entonces en un segundo que duró para mí una eternidad. Un segundo que hizo que todo cambiase.

Empujé a uno de los que te llevaban en la camilla, caíste al suelo con un quejido. Con un brazo te agarré y te apoyé en mí, mientras que con el otro, con la mano, hacía unas figurillas que estallaron, provocando una estela de humo. Respirabas entrecortadamente, no podías caminar, me vi obligado por ti a realizar otra escultura, otra obra de arte creada con mis “especiales” manos que tú habías elogiado.

Subí de un salto contigo al pájaro de arcilla que creé, no perdí el tiempo mirando atrás; despegamos entre la multitud, asustada y furiosa.

Pero eso ya no me importaba. Sólo podía ver ciegamente el objetivo de salvarte.



Recuerdo que en todo el tramo estabas demasiado débil para decir algo. Respirabas profundamente, agotado, entre la vida y la muerte, apoyado en mí, mientras sobrevolábamos los bosques de mi país. Cuando sentí que ya no había tanto peligro como antes, aterrizamos cerca de un río y te tumbé en el suelo, te tomé el pulso, miré si aún te latía el corazón en tu pecho, si aún respirabas.

Sí, estabas vivo, pero de qué manera. Aún rezumabas sangre de tu boca, varios huesos del lado derecho de tu cuerpo se habían destrozado, y lo que había sido una límpida mirada se había visto cruelmente reducido a una cuenca vacía y un ojo que observaba sin ver, entre aterrado y furioso.

-Obito…-susurré, aún con unas lágrimas en los ojos-Obito…

Moviste los labios, intentaste decir algo.

-De… ¿Deida…ra?-dijiste solamente. Tu boca trató de sonreír, pero acabó siendo una mueca de dolor- ¿E…res tú?

Te di la mano en un acto reflejo, como si pudiese ayudarte con ese inútil gesto.

-No digas nada, Obito-dije-voy a llevarte lejos de aquí…voy a…

No pude decir nada más. Un silbido agudo pero casi inaudible pasó rozándome la oreja, cortándome un mechón de pelo. Distinguí entonces un kunai clavándose en un árbol que tenías al lado, causante de ese ataque por suerte inefectivo.

Me giré violentamente, reconocí al que lanzó el kunai. Un jounin de mi villa me miraba desafiante, odioso, con furia. Llevaba varios kunais en sus manos, descubrí que su misión era matarnos.

Pero no iba a permitirlo. Estaba en deuda contigo, te apreciaba demasiado, no podía permitir tu asesinato, y menos por parte de mi gente, de mi Villa.

Sin embargo, te fallé. Volví a apoyarte en mí para atravesar el río de un ágil salto, tenías algo más de energía tras descansar, tú mismo intentaste ayudarme entonces, lo recuerdo.

Pero cuando íbamos a atravesar el río antes de que nos capturasen, se lanzó otro kunai. Éste no falló.

Acertó plenamente en la mano con la que sujetaba tu brazo, que pasabas por mi cuello. Era doloroso, tan doloroso, que sin darme cuenta, te solté.

Cuando, aterrado, al cabo de un segundo, me di cuenta, ya estabas en el agua, la corriente te llevaba al fondo. Pero no tenías fuerzas para luchar contra tu tumba de agua. Solamente usaste tus fuerzas para sonreírme por última vez.

Ese momento me destrozó, fue como matarme, perder a quien más apreciaba. Me sentí fatal, como un asesino; había intentado salvarte y solo llegué a llevarte a tu tumba.

No pude remediarlo. En ese momento concreto, enloquecí de ira, de pena.

Antes de que ese jounin pudiese darse cuenta, yo ya le había matado. No fue difícil, no se fijó en las arañas explosivas que se le acercaron por la espalda, no fue muy duradero.

Mi locura no acabó allí. Tras contemplar el río otra vez, mandé otra bandada de pájaros explosivos a mi Villa, la misma Villa que fue mi hogar, la misma que no pudo salvarte, la misma a la que pertenecí y en la que me convertí en tu asesino.

Abandoné la Villa.

No me dolió. Me dolió más que nada…

Ese “Adiós” para siempre que prometimos nunca decir.





Continuará…
Así es como te recuerdo, estés donde estés. Aunque estés muerto.

Tras traicionar a mi Villa y ser un “terrorista” que se vendía al mejor postor, me uní a una organización, los Akatsuki. Sé que no te hubiese gustado verme así, pero era el único lugar donde varias Villas traicionadas se unían para trabajar juntos, fue lo que vi tras unirme a ella. Ojalá Iwa y Konoha hubiesen trabajado así. Quizás vivirías entonces.

En Akatsuki todo estaba bien al principio. El compañero que me asignaron era muy diferente a ti, Akasuna No Sasori. Realmente era tan diferente que, en cierta manera, amargamente, hacía que olvidase todo lo que sabía de ti; tus ojos, tu sonrisa, tu amabilidad, tu ganas de ayudarme a pesar de no tener valor. Él era frío, calculador, elegante, ambicioso, pelirrojo, de Suna… era todo lo contrario a ti.

Nunca llegué a apreciarlo como a ti, a quererlo, a amarlo. Simplemente te eclipsaba, hacía que pudiese dejar de sufrir, de llorar por ti, de recordarme de la manera en la que no te pude salvar, cuando tú, carente de valor, lograste ayudarme en su momento.

Era un sentimiento muy egoísta, pero es que cuando llegué, en sus filas ya había un Uchiha. Solamente escuchar tu apellido, me hizo estremecerme, palidecer, recordarlo todo, recordar… A decir verdad, cuando me enfrenté a él por primera vez, antes de unirme a Akatsuki, ya le había cogido un odio especial, como si sus ojos rojos fuesen un insulto hacia a ti, que serías incapaz de luchar como hizo el entonces.

Akasuna te eclipsaba, simplemente por no ser como tú.

Aún así, yo te echaba de menos a ti, quería verte. A veces soñaba que sobrevivías, estupideces fugaces como estrellas en el cielo.

La vida pasaba tranquila, sin que nadie supiese nada.

Pero entonces Sasori murió asesinado por su abuela y una ninja más de Konoha. No me afectó, simplemente que, en un acto egoísta, ya no tenía protección, tus actos volvían a vagar en mi mente con libertad, nadie te tapaba ni ocultaba. Volví a sufrir.

Y empecé a sufrir más ahora con mi nuevo compañero, Tobi.

Él, siempre tan alegre, tan vivaz, tan risueño, sin valor…era como tú.

Eso era lo peor que me podía pasar; con él, me acordaba de ti, te recordaba en todos tus momentos, desde que te conocí hasta tu muerte. Era doloroso, no lo aguantaba. Era como si lo supiese, como si quisiese hacerme sufrir con ello, sustituirte.

Llegué a odiarlo de sobremanera. Cualquier cosa que hacía o decía me recordaba tanto a ti que era una vuelta a empezar en mi infierno particular. Lo odiaba. Su risa, su voz, su máscara, como si no quisiese que lo viese, para molestarme más.

Pero vino un día en que todo volvió a dar un vuelco inesperado. Dijo algo, actuó de una manera que me sacó de quicio. Recuerdo que estaba desanimado y distraído, tu pañuelo cayó al suelo. Instintivamente fui a cogerlo, pero ya estaban en manos de Tobi, que lo miraba con curiosidad.

-Bonito pañuelo, senpai-dijo-¿de dónde lo cogiste?

-No es problema tuyo-espeté, furioso, intentando recuperarlo, pero él se resistía, igual de vivazmente que tú.

-No, Tobi lo encontró Tobi se lo queda-dijo burlonamente.

-¡Devuélvemelo!

Forcejeé con el un instante, y ya furioso, hice algo que jamás pensé que iba a hacer, en un acto de ira.

Le arranqué del rostro la máscara que lo cubría.

Su reacción fue extraña. Soltó el pañuelo, se quejó por lo bajo de dolor, se tapó el rostro con sus manos, como aterrado. Yo en cierto modo también lo estaba. En mi mano aún tenía su máscara, que no pude evitar soltar para cercarme a él, preocupado. No sabía que había echo, pero parecía sufrir, sufrir de sobremanera, como yo cuando podía acordarme de ti.

-Tobi… ¿qué…?

Entonces bajó las manos que cubrían su rostro. Lo alzó, como avergonzado pero decidido, con algo de melancolía.

Pude verlo. No pude evitar soltar una exclamación de sorpresa.

Tobi…Eras tú.



Aún no me lo creía, no lo entendía, pero así era. La descripción era la misma; tenías el ojo negro y vivaz, el otro tapado por un parche, recuerdo de esa mala pasada. Tu piel seguía siendo igual de blanca, ni una cicatriz había en tu rostro. Tu cabello seguía siendo igual de rebelde, y tu aspecto aniñado aún permanecía ahí.

No dijiste nada, como si temieses algo. Yo sólo pude parpadear para ver que realmente eras real, eras tú. Una sola lágrima cayó por mi mejilla.

-Tú…-susurré-no es posible…

Di un paso hacia ti, tú retrocediste, algo asustado. Volví a avanzar, y esta vez, te quedaste quieto. Y cuando supe que no podía reprimirlo más, me abalancé hacia a ti, te abracé con fuerza, con nostalgia.

-Sí que eres tú…-pude susurrar.

Guardaste silencio, estabas confuso. Pero correspondiste mi abrazo, me acariciaste suavemente el pelo con tus cálidas manos que unas vez estuvieron en las mías, años atrás.

-Sí-dijiste-soy yo.

Me abrazaste con fuerza, lloré por escuchar otra vez tu voz, por tenerte conmigo.

-Sobreviví-dijiste sin dejar de abrazarme-la corriente del río me llevó a unos riscos. Logré agarrarme y recomponer fuerzas. Renací, y poco después quise ir en tu búsqueda. Pero ya te habías ido.

-Lo siento-susurré, igual que hace años, cuando le conocí.

Me sonreíste otra vez como en antaño. Había echado de menos esa expresión.

-No lo sientas.

Entonces acercaste tu cara a la mía, tus labios a los míos. Me dejé llevar, envuelto en memorias tristes que de repente se rompían, en malos sueños que se acababan, en noches oscuras que se iluminaban. Fui feliz, como no lo fui desde hacía mucho.

Te abracé, ahora llorando a lágrima viva.

-Entonces…entonces… ¿por qué actuabas así? ¿Por qué no me dijiste nada?

Un ligero rubor apareció en tus mejillas, sonreíste tímidamente.

-Pensaba que me habías olvidado, que querías estar con Sasori…pero yo no quería que me olvidases, quería que te acordases de mí, que volvieses a estar igual de feliz que el día en que te llevé a tu casa… pero como siempre, no tuve el…valor, de mostrarme realmente.

Solté un pequeño gruñido, como enfadado.

-Te había echado tanto de menos que no soportaba que otros actuasen como tú. Eras inimitable, hiciste mal…

-Lo sé, lo sé-dijiste, disculpándote- sólo quería que no te pusieras triste. Además, ya te lo dije. No era un “adiós”. Era…

-Un “hasta luego”-sonreí yo también-gracias por cumplir tu promesa.

Me abracé aún con más fuerza a ti. Todo encajaba.

-Ahora-dijiste-ya no hay “adioses”, no hay “hasta prontos”.

-¿Por qué?-quise saber.

Volviste a besarme suavemente.

-Porque ahora me quedaré contigo .Para siempre, si quieres-dijiste estas palabras, con un tímido rubor en las mejillas. Eras encantador.

Me sonrojé, feliz.

-¿Es un juramento?

-No. Es una promesa.



Sé que ahora esa promesa nunca se romperá.

En el viento, un trozo de tela azul volaba ahora libremente con un símbolo de lo que fue tu clan.

Pero ya no necesitaba ese pañuelo para acordarme de ti.

Estabas tú.

El principio de mis memorias.



FIN

si lo notaron es de 3 capitulos
y si les gusto ese pueden ver su otro fic que esta super bueno, increible y de todo
les dejo el link
http://www.amor-yaoi.com/fanfic/viewuser.php?uid=5714
eso a sido todo
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MensajeTema: Re: Memorias. No es un "adios"   Vie Sep 23, 2011 6:39 pm

estubo muy bueno hermanita jeje
Cool
realmente me cautibo jeje

I love you
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MensajeTema: Re: Memorias. No es un "adios"   Vie Sep 23, 2011 7:24 pm

ARIGATO!!!!!!!!
NI-CHAN JEJEJEJE
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MensajeTema: Re: Memorias. No es un "adios"   Sáb Sep 24, 2011 8:15 pm

emmm... como que no pasan

Evil or Very Mad lean los fics de mi oni-chan para que se den cuenta de su gran talento cheers

o si no ... muajajaja Twisted Evil yo me encargo de ustedes ....ok no pero lean

por que no solo su talento debe ser reconosido

si no tambien el de todos los escritores de fics de este foro si las fugoshis no nos apoyamos entrenosotras
las fuerzas de hitler nos ganaran jeje XD EN NUESTRO INTENTO POR DOMINAR AL MUNDO !! HAY QUE SER FUERTES !! ( para el que no me entienda y diga - y esta vieja de que se moteo- vean mi post en videos divertidos jeje )

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MensajeTema: Re: Memorias. No es un "adios"   Dom Sep 25, 2011 7:39 am

arigato ni-chan
pero... este fic no es mio
acaso no leiste el principio o el final
es de una persona de amor yaoi
no me quiero llebar los creditos de algien mas
si soy algien grande quiero que sea por mi cuenta
SAYO!
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Memorias. No es un "adios"
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